domingo, 27 de enero de 2008

Entrevista de Pedro J. a Rajoy (dos amiguitos)

Llevaba esperando una semana entera para comprar El Mundo y leer la tan anunciada entrevista de Pedro J. a su amigo Mariano Rajoy. Tras casi una hora de lectura, me doy cuenta que ese tiempo ha sido gastado en balde y lo podría haber dedicado a estudiar, que falta me hace por los dos exámenes que se me vienen encima esta semana. Nada nuevo, lo único que reconoce abiertamente dos errores: uno, que se equivocaron al apoyar la guerra de Irak porque se demostró que no había Armas de Destrucción Masiva y que la foto de las Azores, con el "Yanqui" y el fachoso escocés, sobraba, que hay que controlarse con las formas porque eso les ha llevado a perder el apoyo de los jóvenes y por ello, perdieron las elecciones del 2004. Lo segundo, con la exclusión de las listas de Gallardón que, aunque afirme que tenía la decisión tomada desde hace tiempo, cuando el entrevistador le reiteraba diversas preguntas sobre el asunto, Rajoy le ha contestado con un "ya está bien, dejemos ese tema...". ¿Que ocultas Mariano?

Lo que se saca en claro en esta entrevista es que Rajoy no deja de mirarle el culo a Zapatero y al PSOE. Su único argumento donde puede tener razón es en que cuando el Presidente dijo después del atentado de la T-4 que no volvería a hablar con ETA, éste lo volvió a hacer a expensas de las presiones internacionales. Pero claro, Marianito, no digas que ha habido concesiones políticas y que ningún Gobierno democrático había cedido al chantaje político en este país porque, por si lo has olvidado ya, el señor Aznar, presidente de un supuesto Gobierno democrático con una mayoría absoluta subida a las barbas, negoció con la banda terrorista y, es más, acercó a presos al País Vasco, cediendo a un chantaje que ha sido la principal arma opositora de su partido en la presente legislatura que ya toca a su fin. Marianito, Marianito... se te ve el plumero tanto como a mí, pero yo no represento a 9 millones de españoles y tú si...

domingo, 20 de enero de 2008

Dicen que una imagen vale más que mil palabras…

…pero, ¿de qué mil palabras hablamos? Porque dudo que yo conozca esos mil vocablos. Yo he visto a gente llorar al leer una carta, sin fotografías, gente entusiasmada al escuchar una canción en la radio, sin ver imágenes, gente que desarrolla su imaginación leyendo libros que no contienen símbolo iconográfico alguno. Yo mismo he sentido escalofríos al leer algún correo electrónico, me he ilusionado con una simple frase, he suspirado al notar en la distancia palabras de afecto, duermo cada noche con la compañía de la radio qué, únicamente, suela una palabra tras otra… Soy admirador de poetas, seguidor de letristas, adepto de varios cantautores, partidario de la palabra. Soy lector de sueños, estudiante inquieto, amigo del libro, enamorado de las letras. Soy un intento frustrado de prosa, aprendiz de bohemio, incondicional de Sabina. No digo que una imagen no consiga llegarnos al alma, claro que sí. Hay imágenes que lo consiguen. Pero en muchas ocasiones, una sencilla palabra cambia estados de ánimo, alegra al más desdichado, entristece al más aventurado… En definitiva, UNA PALABRA VALE MÁS QUE MIL IMÁGENES

miércoles, 16 de enero de 2008

Teoría de la justicia

John Rawls, gran filósofo político del siglo XX y fallecido en 2002, luchó durante su larga vida por la igualdad de los seres humanos sin dependencia del lugar o raza a la que pertenezcas. Mi reflexión particular sobre las ideas propuestas en el artículo puede resultar un tanto contradictoria, pero a lo largo de la historia hasta los más grandes autores se han contradicho en sus pensamientos. Totalmente de acuerdo en que debe existir equidad total para todos los ciudadanos, independientemente de cuáles sean tus raíces. No es lógico a mi parecer que haya jóvenes que, por el gran poder adquisitivo que ostente su familia, tenga más posibilidades de colocarse en un trabajo de cara al futuro por cualquier tipo de preferencias personales y no de preparación laboral (los “enchufes” básicamente). Aunque también se entiende que si mi padre fuera un rico empresario o un influyente político me abra las puertas de su empresa a mí antes que a ningún “extraño” que viene de la “calle”.
Rawls critica las discriminaciones legales evidentes, pero en nuestro país, al contrario que en Estados Unidos, la sanidad es pública para todo el mundo, no importa que seas rico o pobre ni importa cuál sea tu nivel cultural o tus creencias religiosas…
No es cierto que se ignore en este sentido a los más débiles, aunque está la posibilidad de que los que tienen un mayor poder adquisitivo acudan a la sanidad privada para hacer más eficiente sus cuidados.
Luego están, sin embargo, casos individuales donde se denota la diferencia abiertamente. Pero en mi caso particular, gracias a la ayuda del Gobierno que trata de equiparar a los jóvenes y que tiene en cuenta mis raíces humildes, cuento cada año con una beca de estudios que me ayuda a paliar la imposibilidad de mi familia de pagarme unos estudios fuera de mi comunidad autónoma. Y eso es algo a lo que los ricos no pueden optar (aunque no lo necesiten), debido a sus altos umbrales de renta.
Es complicado extrapolar al siglo XXI el intento que propone Rawls en su obra maestra “Teoría de la justicia”, pero pienso que el Gobierno de Zapatero está intentando conseguir la ansiada igualdad entre clases sociales, siempre salvando las distancias lógicas de cada familia, pero propone diferentes ayudas, sobre todo a jóvenes, que les posibilita avanzar e la vida y no encontrar demasiadas trabas. Es cierto que muchas propuestas no le salen bien o están mal vistas, pero para conseguir algo hay que intentarlo a menos. Luchemos por esa teoría que propuso Rawls hace más de 50 años…

Mandíbula de cristal

Reflexión sobre un artículo de El País titulado “Mandíbula de cristal” donde los lectores critican abiertamente a los periodistas por sus constantes faltas de ortografía, cada vez más cristalinas. Varios pueden ser los motivos del claro descenso de los conocimientos ortográficos de los periodistas. Uno de esos motivos desde mi punto de vista es el bajo nivel de exigencia en las clases de Lengua Española, al menos las de mi universidad, donde cada vez se exige menos a los alumnos y se aprueba con soberana facilidad sin tener en cuenta los problemas ortográficos y de léxico de algunos alumnos que, incluso reconocido por ellos mismos y que se licencian sin pasar por un filtro que destape sus carencias, hacen que descienda el nivel de eficiencia de los presentes y futuros textos periodísticos. Las causas de este descenso de formación vienen desde pequeño, del escaso éxito que tiene la educación en España y las continuas reformas de los sistemas de enseñanza en nuestro país que, más que evolucionar para el bien de los alumnos, los mantiene inmersos en una involución permanente que les perjudica en el futuro.
Otro motivo de la decadencia ortográfica de los periodistas son las rutinas profesionales, y hablo de las malas rutinas, no de todas. Se busca la comodidad y confiamos en que un procesador de texto nos avise cuando tenemos el más mínimo error, tanto sintáctico como ortográfico, y nos despreocupamos cada vez más de prestarle atención a lo que escribimos, acogiéndonos a que una máquina nos avisará de los fallos cometidos. Gran error.
También la culpa del deterioro gramático lo tienen las nuevas formas de expresión y comunicación, como son los mensajes de móviles o los chat donde, para mayor comodidad y ahorrar unas líneas, acortamos palabras y “mal escribimos” con el riesgo de que luego al escribir públicamente nos salga inconscientemente.
En defensa de la profesión debo decir que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y se equivoca, yo el primero, porque somos humanos y nadie tiene genes perfectos. Pero soy de los primeros que se indignan cuando veo las repetidas “patadas al diccionario” que se dan en los medios de comunicación impresos de nuestro país, amén de en todos los libros y textos que leo meticulosamente. Puedo llegar a ser muy repelente con el tema de la ortografía, pero en este sentido tiro hacia mis intereses porque es un campo que tengo y debo manejar a la perfección, pero aun me queda mucho por aprender.