miércoles, 16 de enero de 2008

Mandíbula de cristal

Reflexión sobre un artículo de El País titulado “Mandíbula de cristal” donde los lectores critican abiertamente a los periodistas por sus constantes faltas de ortografía, cada vez más cristalinas. Varios pueden ser los motivos del claro descenso de los conocimientos ortográficos de los periodistas. Uno de esos motivos desde mi punto de vista es el bajo nivel de exigencia en las clases de Lengua Española, al menos las de mi universidad, donde cada vez se exige menos a los alumnos y se aprueba con soberana facilidad sin tener en cuenta los problemas ortográficos y de léxico de algunos alumnos que, incluso reconocido por ellos mismos y que se licencian sin pasar por un filtro que destape sus carencias, hacen que descienda el nivel de eficiencia de los presentes y futuros textos periodísticos. Las causas de este descenso de formación vienen desde pequeño, del escaso éxito que tiene la educación en España y las continuas reformas de los sistemas de enseñanza en nuestro país que, más que evolucionar para el bien de los alumnos, los mantiene inmersos en una involución permanente que les perjudica en el futuro.
Otro motivo de la decadencia ortográfica de los periodistas son las rutinas profesionales, y hablo de las malas rutinas, no de todas. Se busca la comodidad y confiamos en que un procesador de texto nos avise cuando tenemos el más mínimo error, tanto sintáctico como ortográfico, y nos despreocupamos cada vez más de prestarle atención a lo que escribimos, acogiéndonos a que una máquina nos avisará de los fallos cometidos. Gran error.
También la culpa del deterioro gramático lo tienen las nuevas formas de expresión y comunicación, como son los mensajes de móviles o los chat donde, para mayor comodidad y ahorrar unas líneas, acortamos palabras y “mal escribimos” con el riesgo de que luego al escribir públicamente nos salga inconscientemente.
En defensa de la profesión debo decir que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y se equivoca, yo el primero, porque somos humanos y nadie tiene genes perfectos. Pero soy de los primeros que se indignan cuando veo las repetidas “patadas al diccionario” que se dan en los medios de comunicación impresos de nuestro país, amén de en todos los libros y textos que leo meticulosamente. Puedo llegar a ser muy repelente con el tema de la ortografía, pero en este sentido tiro hacia mis intereses porque es un campo que tengo y debo manejar a la perfección, pero aun me queda mucho por aprender.

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